Ene 13

No hace mucho tiempo cruzaba la calle con mi hija cuando un automóvil que pasaba a gran velocidad casi nos arrolla. “¡Hey, este es un paso peatonal!”, le grité al conductor. Él respondió: “¡No me importa!”. La gente mezquina, como las alimañas, siempre ha existido.
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“Cuando hablamos de civilidad y buenos modales, no hablamos de qué tenedor se usa para comer ensalada; eso es etiqueta”, dice el médico Pier Forni, director de la Iniciativa de Civilidad de la Universidad John Hopkins y autor de The Civility Solution: What to Do When People Are Rude (La solución civil: Qué hacer cuando la gente es grosera).

“La civilidad se trata de cómo tratamos a los demás en la vida cotidiana y se relaciona estrechamente con la ética. El principio de respeto a las personas sostiene que debemos tratar a los demás como un fin en sí mismo, en lugar de como un medio para satisfacer nuestras necesidades y deseos inmediatos”.

Intento imaginarme explicándole eso al tipo que casi nos atropella. Pero, ¿por qué debería él ser amable si no tiene que serlo?

¡Una cuestión de salud!

En primer lugar: por los beneficios para la salud. Según Forni, “la ciencia nos dice que cuando participamos en actos de civilidad y gentileza, tanto la persona que la da como quien recibe terminan beneficiándose. Se le conoce como ‘éxtasis de la persona que ayuda’. Se activan una gran cantidad de hormonas y neurotransmisores cuando damos una muestra de nuestra civilidad”.

De hecho, en muchos estudios se confirma que las personas más amables tienden a vivir más tiempo y a llevar una vida más saludable; quienes participan como voluntarios tienen pocas molestias y dolores, y la gente compasiva es más propensa a ser más saludable y tener éxito.

Por el otro lado, las personas malas tienen “efectos devastadores, en parte porque sus interacciones desagradables tienen un impacto mucho mayor en nuestro estado de ánimo que las interacciones positivas, cinco veces mayor”, escribe el profesor de Stanford, Robert Sutton.
“Para superar lo negativo necesitas una gran cantidad de positivos; ¡es ridículo!”, agrega.

Sutton escribió ampliamente sobre los beneficios económicos y sociales de erradicar a los cretinos del lugar de trabajo. Su exitoso libro se llama The No A**hole Rule: Building a Civilized Workplace and Surviving One That Isn’t. (La regla de cero ca***nes: La construcción de un lugar de trabajo civilizado y cómo sobrevivir si no lo es).

Sutton distingue entre las groserías ocasionales —algo que todo el mundo hace ocasionalmente— y los cretinos certificados. Su lista de las doce peores acciones cotidianas con las que identificas a una persona certificada como desagradable incluyen:

1. Insultos personales

2. Invadir el territorio personal de otra persona

3. Contacto físico no requerido

4. Amenazas e intimidación (verbal o no)

5. Chistes y bromas sarcásticos usados como sistemas para insultar

6. Ataques fulminantes por medio del correo electrónico

7. Ataques en el estatus de redes sociales con la intención de humillar a sus víctimas

8. Avergonzar a una persona en público y rituales de degradación

9. Interrupciones bruscas groseras

10. Ataques hipócritas y doble cara

11. Miradas obscenas

12. Tratar a las personas como si fueran invisibles

Los cretinos certificados muestran patrones persistentes de estas malas actitudes y tienen una larga lista de víctimas. Sutton también desarrolló una autoevaluación (en inglés) que se llama ARSE (arse es un modismo inglés para trasero o pen**jo) para averiguar si eres una persona mala.

Según Forni, el anonimato también juega un papel en el comportamiento de falta de civilidad en línea: “tienes todas estas maravillas tecnológicas que pueden mejorar nuestras vidas y sin embargo, se convirtieron en un sombrío recolector de toxinas morales de nuestra sociedad”.

Al final, la civilidad es un tema del poder y del temperamento. “La diferencia entre cómo una persona trata a los indefensos comparado con los poderosos es una buena medida para un carácter humano”, escribe Sutton.
Ya que las personas desagradables son inevitables en la vida diaria, Sutton ofrece algunos consejos para tratar con ellos, y tal vez recuperarse rápidamente de un pleito:

Defiéndete o desarrolla indiferencia

Sutton dice que si eres víctima del mal comportamiento, hagas un análisis de poder para decidir si puedes enfrentar directamente el problema, o puedes ejercer el fino arte de la indiferencia emocional. ¿Puedes tomar una fotografía de las placas del automóvil del cretino y reportarlo a la policía?, ¿hay un número al costado de su vehículo al que puedas llamar? Si sí, bien. Si no puedes, entonces intenta olvidar el incidente lo más rápidamente posible.

Hay ocasiones en que las cosas no están en nuestro control y lo mejor que puedes hacer para tu salud mental es no darles importancia. En esas circunstancias, encuentra maneras para recuperarte rápidamente.

Reformula y cambia tu forma de ver las cosas

Intenta reformular un pleito con un cretino de una forma sea menos molesta. “Este es un tipo de pequeña terapia cognitiva”, dice Sutton. Si no puedes escapar al factor de estrés, puedes reducir el daño al cambiar tu mentalidad sobre lo que sucede. “Desarrolla un mecanismo de defensa, si es necesario. Algunas veces podemos encontrar ideas falsas que nos funcionan”.

Como un ejemplo de reformular Sutton habla de una comida reciente en vacaciones, en donde un pariente hizo algo grosero. “Más tarde me quejaba con mi esposa y ella me miró y dijo: ‘no quiero escucharlo. No quiero el 1% que fue malo para arruinar el 99% que fue bueno’. Entonces salió de la habitación. Fue sorprendentemente efectivo”.

Sin embargo Sutton advierte que si estás en una situación de largo plazo que siempre está mal, reformular no funcionará.

Limita tu exposición

Evítalo si es necesario. Por ejemplo, si compras frecuentemente en el mismo lugar, no te compliques la vida y evita a los dependientes groseros. Cuando limitas la frecuencia y la intensidad de tus encuentros con cretinos, creas un colchón contra el comportamiento humillante.

En el contexto de trabajo, Sutton ofrece estrategias adicionales, como construir zonas de seguridad, apoyo y cordura, y buscar y pelear batallas que tienes una buena posibilidad de ganar.

Las estrategias de Sutton: defiende tu posición, indiferencia, reformular y evitar, son similares a la meditación de la “serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para conocer la diferencia”.

Ene 12

Según un estudio realizado por la universidad española Carlos III, el color de un vehículo dice mucho acerca de la personalidad del conductor. El gris-plata continua siendo el favorito entre los usuarios pero hay otras que también están dando la pelea.
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Aunque en un principio pueda parecer una mera cuestión estética, la elección del color en un vehículo esconde una serie de parámetros psicológicos que definen la personalidad del conductor. Así al menos lo asegura un grupo de investigadores de la Universidad de Psicología Carlos III de Madrid.

Según sus investigaciones, los autos de colores más vivos, o más visibles para el resto de los conductores, suelen ser conducidos por usuarios que asumen más riesgos al volante, mientras que los colores más discretos, que se camuflan fácilmente con el entorno, es propio de conductores de una mayor edad, y por tanto, de mayor experiencia y a su vez más precavidos.

La Carlos III afirma que “un auto pintado de un color que llama mucho la atención de los demás conductores resulta peligroso cuando es elegido por una persona con un carácter agresivo”. Entre los conductores, a escala internacional, el color gris-plata continua siendo el favorito, lo que y pesar de lo que se ve cada día en las carreteras delata que la inmensa mayoría opta por una conducción segura y sin riesgos.

Por otra parte, los usuarios que se decantan entre el negro o el azul desean transmitir elegancia, respeto y distinción, los que prefieren los tonos brillanes o metalizados son personas por lo general optimistas, que quieren atraer la atención de los que les rodean, los que optan por el blanco son de personalidad alegre, aunque indecisos, mientras que aquellos que prefieren el rojo o azul fuerte son dinámicos y enérgicos.

Ene 11

Las mujeres se sienten atraídas, por regla general -y vaya por delante que en gustos no hay nada escrito-, por los hombres de rasgos cincelados, altos y… con una sugerente voz profunda. Sin embargo, las apariencias engañan.
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Puede que no todos esos rasgos sean señal de masculinidad. Un nuevo estudio publicado en PLoS ONE sugiere que los varones con voces graves son una mala elección a la hora de tener descendencia, ya que poseen un menor número de espermatozoides. Una oportunidad para los chicos con voz atiplada.

El estudio, dirigido por el biólogo evolutivo Leigh Simmons de la Universidad de Australia Occidental, analizó a 54 hombres entre 18 y 32 años y a 30 mujeres de una universidad local, todos heterosexuales. Los investigadores registraron las voces de los varones y se las mostraron a las féminas para conocer cuáles eran sus preferencias. Como era de esperar, la mayoría de las mujeres escogieron las voces profundas como las más atractivas.

A continuación, los investigadores solicitaron a cada participante masculino una muestra de semen en el laboratorio. Cada muestra fue introducida en un sistema de análisis de esperma, que calificó la capacidad del mismo para nadar hacia el óvulo tras la eyaculación. También contaron el número de espermatozoides.

Testosterona, ni mucha ni poca
Los resultados del análisis mostraron que los hombres con voces más profundas producían eyaculaciones con menos espermatozoides que sus compañeros con voces agudas. La investigación sugiere que la relación entre los timbres profundas y una disminución de esperma puede ser una compensación evolutiva.

Características tales como la voz profunda, que tiende a ser asociada con el éxito y el dominio, compensa un bajo conteo de esperma. Mientras que la testosterona juega un papel importante en la creación de espermatozoides, el exceso puede afectar la producción de esperma. Eso sí, todos los recuentos de espermatozoides medidos en el estudio se encontraban dentro de parámetros saludables.

Ene 10

Las vacaciones son un tiempo de excesos. Comer, beber y ser complaciente con uno mismo, para más adelante hacer dieta. O quizá no. Desafortunadamente, no todos tenemos la autodisciplina y la determinación necesaria para abandonar los dulces e ir al gimnasio. Pero a no temer: existen otras formas de combatir la grasa y mantenerse delgado.
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Sólo para tenerlo presente, si uno come de más y hace poca actividad física, entonces uno subirá de peso. Aun así, cada vez hay más evidencias de que otros factores también contribuyen con el exceso de adiposidad. Identificar esos factores nos podría dar nuevos caminos para combatir la panza, y la buena noticia es que los investigadores están comenzando a hacerlo.

1) VACUNARSE

Se ha identificado una decena de microbios que han sido asociados a la obesidad. Uno de ellos es uno de los virus del resfrío común: el adenovirus-36. Investigadores norteamericanos descubrieron que ese adenovirus aumenta el número de células grasas dentro del organismo e incrementa la cantidad de grasa que se halla en esas células. “Si algunas infecciones contribuyen a la obesidad, podríamos tener una forma potencialmente muy sencilla de prevenirla: vacunando”, dijeron los investigadores.

2) RELAJARSE

Mientras que el estrés extremo puede hacer que la gente pierda peso, el estrés cotidiano puede tener el efecto opuesto. Estudios de neuroimágenes realizados en la Universidad de Yale muestran que el estrés activa regiones cerebrales asociadas con los hábitos y las recompensas. “Aumenta el deseo por alimentos hipercalóricos en las personas que suelen consumirlos”, dijo Rajita Sinha, de Yale, que recomendó aprender técnicas de meditación y de control del estrés.

3) BAJAR LA TEMPERATURA

Estudios de la Universidad de Turín, Italia, hallaron que aquellas personas que viven en hogares con temperaturas más altas tienen el doble de riesgo de desarrollar obesidad. Si bien temblar de frío quema calorías, tampoco hace falta llegar a ese extremo. Cuando la temperatura se ubica por debajo de los 18°, un tipo de grasa corporal llamada grasa marrón comienza a quemar energía para calentar el cuerpo. Desafortunadamente, si uno no está expuesto habitualmente al frío, los depósitos de grasa marrón -que son minoritarios en comparación con la grasa blanca- se reducen y también su capacidad de quemar calorías. Entonces, a bajar el termostato del hogar.

4) COMER PROTEÍNAS

Las dietas con alto contenido de proteínas quizá sean una moda, pero con algo de sustancia. Existen estudios que indican que las proteínas ayudan a mantener la saciedad por más tiempo. Es más, estudios dinamarqueses hallaron que una dieta con alto contenido proteico, pero con bajo índice glucémico, permite que las personas coman hasta llenarse, pero sin engordar.

5) MIRAR EL ENVASE

No sólo para ver la composición nutricional de los alimentos, sino también para ver en qué vienen envueltos. Algunos envases plásticos y metálicos contienen químicos que alteran el normal funcionamiento de hormonas como la tiroidea, que regula el metabolismo. Los ftalatos y el bisfenol A son unos de ellos, y hay estudios que mostraron que hombres obesos tenían una mayor concentración de ftalatos en su organismo. Un dato: los envases reciclables de PVC “tipo 3″ suelen contenerlos.

6) APAGAR LA LUZ

Estudios en ratones muestran que aquellos expuestos a la luz durante la noche son un 10% más gordos. ¿La razón? De noche, la luz puede alterar nuestro reloj biológico (circadiano) e interferir en nuestro metabolismo. Expertos recomiendan mantener un patrón lumínico consistente a lo largo de la semana, y evitar las luces LED, que afectan especialmente los ritmos circadianos.

7) DORMIR

Si necesita una excusa para permanecer más tiempo en la cama, aquí hay una: dormir demasiado poco puede volverlo gordo. La privación de sueño reduce la producción de la hormona leptina, que suprime el apetito, e incrementa la de la ghrelina, que lo estimula. Entonces, una hora más de sueño puede ganarle al gimnasio.

Ene 5

El estudio lo dirigió la profesora de sociología
Corinne Reczek, quien lo presentará en la 106 reunión
anual de la Asociación Sociológica de Estados Unidos,
en Las Vegas (Nevada).

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Las conclusiones contradicen la creencia popular
de que “para bien o para mal, en salud o enfermedad” la
vida en pareja estable contribuye a reducir los malos hábitos
y promueve tanto una dieta mejor como los controles
médicos regulares.

Para su estudio, Reczek y sus colaboradores encuestaron
a 122 personas en vida de pareja por períodos que iban de
8 a 52 años. De ellas, 31 eran parejas heterosexuales que
convivían o estaban casadas;
15 eran parejas de hombres homosexuales,
otras 15 eran
parejas lesbianas.

El 83% de los participantes heterosexuales en la encuesta
eran blancos, el 9% negros, una persona era de ancestro
asiático y dos eran latinas, en tanto que una persona se
identificó como “multirracial”.

En el caso de las parejas de homosexuales el 63% eran
blancos, el 4% se identificó como hispano o latino, una
persona se identificó como negra, una como indígena
americano hispano y una como sudamericana.

La edad de promedio para las parejas heterosexuales era
de 53; para las parejas de hombres homosexuales de 49
años y para las parejas de mujeres homosexuales de 43
años. Los ingresos de los hogares participantes oscilaban
entre los 40 mil y los 120 mil dólares anuales.

El promedio de duración de las relaciones era de 25 años
para las parejas heterosexuales, 21 años para los
hombres homosexuales y 14 años para las mujeres
homosexuales.

A los participantes se les preguntó, individualmente, sobre
hábitos como el fumar, el consumo de alcohol, las dietas,
los patrones de sueño y descanso, los hábitos de ejercicio
y otras prácticas de salud.

Reczek indicó que los hábitos insalubres se promueven dentro
de estas relaciones íntimas y de largo plazo debido a la mala
influencia directa de una de las personas, mediante la
sincronicidad de los hábitos de salud y por medio de la noción
de responsabilidad personal.

Todas las parejas, hetero y homosexuales, hicieron referencias
a la “mala influencia”, pero en las parejas heterosexuales la
“mala influencia” se atribuye casi siempre al hombre.

“La conclusión de que uno de los integrantes de la pareja es una
‘mala influencia directa’ indica que los individuos convergen en los hábitos de salud a lo largo del curso de su relación porque los
hábitos insalubres de un individuo promueven directamente los
hábitos insalubres del otro”, añadió el estudio.

Un ejemplo es que ambos integrantes de la pareja tienen una
dieta poco saludable porque ambos comen lo que uno de ellos
compra o cocina.

“Las parejas de homosexuales describieron, casi exclusivamente,
cómo los hábitos de ambos integrantes se promueven
simultáneamente debido a la sincronicidad de hábitos
insalubres”, añadió Reczek.

En estos casos puede que uno de los integrantes no incurra
por sí mismo en una costumbre que considere poco sana pero
“cuando su inclinación por tal hábito se junta con la de su
pareja, ambos comparten el hábito insalubre”.

Asimismo, los encuestados recurrieron al argumento de la responsabilidad personal para describir cómo, cuando observan
que su pareja incurre en un hábito insano, no intentan cambiarlo
con lo cual se convierten en cómplices de la costumbre insalubre
de su pareja.

“Éste es un asunto que ocurre mayormente en las parejas de heterosexuales”, dijo Reczek.EFE

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